Uno de los requisitos del curso ‘El gozo de escribir’ que recibí en La Escuela de Escritores era, precisamente, hacerlo desde la libertad. Para esta práctica, tuvimos que dejarnos llevar frente al cuaderno y anotar en él todo lo que se pasara por nuestra cabeza. Al terminar, teníamos que hacer una lectura y tratar de encontrar la conexión de todas las ideas que se habían entrelazado. Encontrar la emoción principal que había detrás de esas frases que, inicialmente, no tenían por qué tener ningún vínculo entre sí y, una vez identificada, tratar de estructurar la sensación principal en un relato.

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REDACCIÓN